Oración, meditación y evolución espiritual

En artículos de la Brújula de Luz se ha hablado acerca de la oración y la meditación como herramientas fundamentales en el proceso de autoconocimiento y autocrecimiento, derivados del reestablecimiento de conexiones con uno mismo y con la Fuente Suprema, Dios o Naturaleza Superior (sea como fuere que lo comprendamos).



Sin embargo, últimamente he estado meditando e investigando acerca del objetivo y los alcances de ambas técnicas. Sobre todo porque me he encontrado con quienes prefieren una herramienta antes que la otra, a razón de que se les hace más natural y fluida su práctica.


Mientras para unos es fácil orar y conectarse con Dios, para otros es más fácil meditar y adentrarse en sí mismo; aunque también  me he encontrado con aquellos a quienes se les hacen difíciles las dos prácticas, por lo que requieren otra serie de herramientas que le conduzcan, en último término, a la oración y la meditación -si desea es una genuina evolución espiritual- como veremos más adelante.

Para ésto último es muy útil lo que se explica en los artículos relativos al uso de mudras, sutras, mantras, mandalas y símbolos sagrados.

Evolución espiritual en dos fases
Si bien considero que la oración y la meditación son las herramientas fundamentales para el crecimiento espiritual, me he puesto a evaluar los resultados que se obtienen con cada una, lo que me ha permitido determinar cuándo usar una u otra.

En lo personal, grandes cambios en la personalidad, así como en la visión y comprensión espiritual de las experiencias, han derivado de la disolución de mis propios egrégores, a través de la meditación con pensamientos simientes y de meditaciones introspectivas.

Mientras, con la oración he alcanzado estados elevados de conexión espiritual con fuerte carga emocional, así como visiones, guía e inspiración para saber qué pasos seguir y cómo avanzar.

De ahí que para profundizar en mí misma y comprender mis propios procesos, buscando incluso transformar mis pensamientos, emociones y acciones, recurro a la meditación; en tanto que cuando busco influir en alguna situación externa, y necesito fe, fuerza e inspiración o deseo  interceder por otra persona, me resulta muy valiosa la oración.



Muchísimas veces las dos herramientas se fusionan en el ejercicio cotidiano, pues suele ocurrir que cuando las ponemos en práctica, unimos las acciones de alabar, pedir y escuchar lo que nos llega internamente; incluso en muchos materiales de apoyo podemos encontrar meditaciones que se mezclan con oración, y viceversa.


No obstante, mi Yo Superior me ha estado insistiendo en la importancia de comprender los alcances de cada una, a fin de entender sus implicaciones para la evolución espiritual:



"El real avance nos lleva, en primera instancia, al reencuentro con nuestra alma, para lo cual son necesarias la oración y la meditación, vistas como dos fases consecutivas de un proceso que nos conduce paulatinamente por la vía de retorno (ascensión).

Es este proceso  el que permite ir entendiendo que el genuino objetivo humano no es "alcanzar la felicidad", como creen muchos en este plano físico, sino purificar el yo inferior a fin de transmutar sus tendencias egoístas e iniciar el camino de vuelta al UNO." 


Guiada por las palabras de mi Yo Superior, me puse a investigar, revisé varios textos y todo me condujo a repasar los libros de  la ocultista Alice Bailey, entre ellos "La ciencia de la meditación" y "Del intelecto a la intuición", donde se analizan las  dos herramientas desde una perspectiva esotérica.


Según Bailey, las diferencias básicas entre meditación y oración son la motivación y el medio.



"La oración y la meditación son dos métodos distintos de acercamiento a la realidad. Ambos son igualmente legítimos y útiles. La oración se basa en el concepto de Dios Trascendente, situado por encima y más allá del mundo de los asuntos humanos; la meditación, sin embargo, atrae a quienes reconocen a Dios Inmanente, actuando al interior de Su creación. Cuando oramos, hablamos a Dios; cuando meditamos, escuchamos a Dios, o dejamos que Dios nos hable".
Para Bailey tanto la meditación como la oración son de naturaleza invocadora. Ambas son un llamado a las fuerzas espirituales para la liberación de energías, en respuesta a la formulación de una demanda, y los dos métodos son eficientes.  "Hay necesidad de los dos porque gran parte de la humanidad está enfocada todavía en el nivel emocional."


No obstante, Bailey aclara que "en la oración los resultados dependen del fervor y la intensidad emocional; la meditación, por su parte, está, o debería estar, motivada por el servicio al Plan de Dios y el mayor bien para toda la humanidad. La meditación emplea la mente disciplinada a fin de contactar al alma y conocer la voluntad de Dios."


"La oración puede describirse, quizás, con los versos de J. Montgomery:

Plegaria es el sincero deseo del alma,
expresado o inexpresado,
el movimiento del fuego oculto, que se estremece en el pecho."

"Expone la idea del deseo y del requerimiento; la fuente del deseo es el corazón. Pero debe tenerse en cuenta que el deseo del corazón puede ser la adquisición de algo que la personalidad ambiciona, o las posesiones trascendentales y celestiales que el alma anhela. Sea lo que fuere, la idea básica es demandar lo que se desea, y así entra el factor anticipación, y también algo se adquiere finalmente, si la fe del peticionante es suficientemente intensa."
"Las personas focalizadas en su naturaleza de deseos aspiran y ansían cualidades, circunstancias y factores condicionantes, que simplifiquen sus vidas o los liberen, para alcanzar lo que creen ser la libertad para una mayor utilidad; agonizan orando, para obtener alivio en sus enfermedades y padecimientos, y tratan de que Dios responda a su demanda mediante alguna revelación."

"Este pedir, demandar y esperar son las principales características de la oración, predominando el deseo e implicando el corazón. La naturaleza emocional y la parte sensoria del hombre busca lo que necesita, y el campo de las necesidades es grande y real; el acercamiento se hace por medio del corazón."
Explica Bailey que lo antedicho contiene cuatro tipos de plegaria:


1. Para beneficios materiales y ayuda.
2. Para virtudes y cualidades del carácter.
3. Para otros, es decir, oración intercesora.
4. Para iluminación y comprensión divinas.

Y reitera que estos cuatro tipos de plegaria tienen su raíz en la naturaleza de deseos. "Solo el cuarto lleva al aspirante a un punto donde puede terminar la oración y comenzar la meditación."





Del plano emocional al plano mental
La diferencia básica entre oración y meditación se halla en el cuerpo energético que utilizan. Alice Bailey  expresa que "la meditación difiere de la oración en que es, ante todo, una orientación de la mente, orientación que produce comprensión y reconocimiento, que se convierten en conocimiento formulado, aunque existe una gran confusión en la mayoría de las personas sobre esta diferencia."

La ocultista  agrega que  la meditación eleva el trabajo del reino emocional hasta el reino mental, el último de los cuerpos de la personalidad y el que establece conexión con cuerpos y planos espirituales (siguiendo el orden ascendente de los planos energéticos).

Así, "el deseo cede su lugar al trabajo práctico de preparación para el conocimiento divino, de manera que el hombre que inició su larga carrera y experiencias de la vida con el deseo emocional como cualidad básica, pasa del mundo místico al del intelecto, al de la razón y de la eventual comprensión."


"La meditación es practicada por aquellos que reconocen que la divinidad - el “Reino de Dios” - está dentro, y que la realización de Dios es un proceso natural. El uso disciplinado de la mente, combinado con el servicio a los demás, es el medio para lograr esa realización. La fórmula “Cristo en vosotros, esperanza es de gloria”, es una realidad para el meditador."

Se entiende así a la meditación como un proceso mental que conduce al conocimiento del alma y a la iluminación. "Es un hecho en la naturaleza de que "como el hombre piensa, así es él".

Por medio de las etapas ordenadas del proceso de la meditación se establece gradual y firmemente, una relación entre el alma y su instrumento" (cuerpos inferiores), hasta llegado el momento en que son literalmente uno. De esta forma la personalidad ( ego o yo inferior) se une con el alma.


"Entonces las envolturas sirven simplemente para revelar la luz del hijo de Dios interno; el cuerpo físico está bajo el control directo del alma, porque la mente iluminada trasmite el conocimiento del alma al cerebro físico; la naturaleza emocional se ha purificado y simplemente refleja la naturaleza amor del alma, de la misma manera que la mente refleja los propósitos de Dios."


Se explica, de esta forma, que  los aspectos hasta entonces desorganizados y separados del ser humano se sintetizan y unifican, armonizándose entre sí, "siendo el alma su creador, su fuente de energía y su poder motivador. "

Destacan los siguientes párrafos como explicativos del valor de la meditación como vía para desarrollar ese puente entre personalidad y alma: 
"¿Cómo puede el hombre descubrir su alma o probar la realidad de la existencia de esa alma? ¿Cómo puede el hombre reajustarse a las condiciones de la vida del alma y empezar a actuar consciente y simultáneamente como alma y como hombre? ¿Qué debe hacer para alcanzar la unión entre el alma y su instrumento, condición esencial para satisfacer el impulsivo anhelo de su naturaleza? ¿Cómo puede saber y no simplemente creer, esperar y aspirar?"


"La voz experimentada de la sabiduría oriental responde con una sola palabra: Meditación. La pregunta surge lógicamente: "¿Es eso todo?" y la respuesta es: "Sí". Cuando la meditación se practica correctamente y la perseverancia es la tónica de la vida, se establece creciente contacto con el alma."


Diferencia entre Místico y Ocultista

En párrafos previos señalamos que entre los buscadores espirituales, hay quienes gustan más o se les hace más fácil la oración y otros que gustan más de la meditación. ¿Cómo se ve esto desde el punto de vista esotérico? Según Bailey, quienes se identifican más con la práctica de la oración, son de tendencia MISTICA, en tanto, quienes se identifican más con la meditación, tienen predisposición mayor hacia el OCULTISMO.

Viendo las dos herramientas como parte de un proceso, diríamos que para dominar la meditación, primero debe dominarse la oración.


Sobre ello, Bailey dice que "el hombre que ha llegado a identificarse con el CORAZÓN de la Divinidad es un Verdadero MÍSTICO, y este grado dentro de la evolución del ser humano es un estadio INTERMEDIO."

"El humano que desea seguir evolucionando, inevitablemente, ha de convertirse en OCULTISTA o CONOCEDOR y, no solamente identificarse con el Corazón Divino, sino también, como lo hace el OCULTISTA, con la MENTE DEL CREADOR y participar conscientemente en Su Obra."

"Sin embargo, hay que decir que nadie puede alcanzar el grado de Ocultista a no ser que haya superado y sintetizado en su interior el estadio del Místico. Los dos se expresan de la siguiente manera:


EL MÍSTICO está polarizado en su naturaleza Emocional Superior (corazón).

EL OCULTISTA se polariza en la CABEZA y utiliza el Corazón de la MENTE.

EL MÍSTICO utiliza la ORACIÓN para su desenvolvimiento, mientras que el OCULTISTA utiliza la MEDITACIÓN CREADORA con el propósito de ser un SERVIDOR eficaz en manos de Dios.

EL MÍSTICO puede alcanzar cierto grado de INICIACIÓN, pero a no ser que se transmute en OCULTISTA no podrá llegar a ser un MAESTRO DE SABIDURÍA, ya que éste utiliza tanto el corazón como la mente integrada."

Escrito por Glenda González












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